Cobremos por cada puerta y ventana dijo Santa Anna

Probablemente en tus clases lo llaman «traidor de la patria» y es catalogado como uno de los villanos más grandes de la historia mexicana, ¿qué pudo hacer Antonio López de Santa Anna para ganar el odio de una nación entera?

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Tal parece que el inicio de esta fatal conclusión tuvo lugar justo antes del estallido de la Guerra de Independencia, cuando el joven Santa Anna, de apenas 16 años, se enlistó en el Ejército Real de la Nueva España y juró mantenerse fiel a la Corona Española. Esta lealtad duró muy poco, porque de inmediato decidió cambiarse al equipo enemigo, liderado por Agustín de Iturbide —el mismito que consumó la Independencia—, contra el que estaría en desacuerdo años más tarde.

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De héroe a villano

Santa Anna se convirtió en un elemento clave para alejar a España de nuestro territorio, pues aún tenía deseos de reconquistar a México; éste fue el principal motivo por el que la mayoría de los mexicanos comenzaron a reconocerlo y admirarlo, hasta el punto de llamarlo «héroe». En 1833 ocupó por primera vez la presidencia del país, pero ese trabajo le resultaba aburrido y fastidioso, así que de vez en cuando lo abandonaba para retirarse a su hacienda en Veracruz —llamada Manga de Clavo—, pues sentía que se cansaba mucho o le salían otras tareas más importantes que gobernar el país.

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Su carácter caprichoso y egoísta favoreció a la crisis de nuestro territorio independiente, pues si «se le antojaba», ayudaba a alguno de sus amigos a que fuera presidente y si se peleaba con él, hacía que todos los demás se pusieran en su contra; apoyaba a los rebeldes en secreto o daba nombramientos absurdos. Durante ese tiempo enfrentó la independencia de Texas, la invasión de Francia y de los Estados Unidos, en esta última perdió la mitad del territorio mexicano.

Su «Alteza Serenísima»

Pese a tener tantos defectos, la gente siempre pedía que regresara a la presidencia, pues muchos creían que sólo
él podía gobernar y resolver los problemas del país.

En 1853 fue presidente por última vez —¡para ese entonces ya había sido presidente ¡once veces durante 20 años!—, y fue cuando «perdió la brújula», pues instauró una dictadura, suprimió la libertad de prensa, exilió a sus opositores, canceló derechos individuales y se hizo llamar «Alteza Serenísima».

Comenzó a usar el dinero de México en fiestas, desfiles o cualquier ocurrencia, y cuando sintió que se le acababa, decidió cobrar impuestos —un pago que se da al gobierno por gozar de ciertos «privilegios»—, y vaya que enloqueció.

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Tengo que pagar ¿por qué cosa?

Durante su primer mandato estableció una cuota para carruajes que variaba dependiendo de la cantidad de asientos, número y tamaño de ruedas, así como la cantidad y calidad de los animales que tiraban de ellos. Posteriormente, empezó a cobrar a cada habitante que tenía perros en sus casas —excepto a lo ciegos, quienes necesitaban un perro guía—; además dio la orden de que si alguien no pagaba la cuota, el gobierno podía disponer de la vida de la mascota.

El impuesto más polémico fue el que realizó sobre las puertas, ventanas y balcones exteriores de los edificios; la cantidad de dinero a pagar dependía del lugar en que se encontraba la casa —plaza, calle alumbrada o cerrada—; pero ahí no paró el asunto, también exigió una contribución por las vacas, el piloncillo, las mazorcas y las reuniones que se hacían en las casas. Todos los pagos se tenían que hacer mensualmente sin excepción alguna.

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La población comenzó a disgustarse por los cobros injustos y la vida extravagante de Santa Anna. En 1854 fue destituido de la presidencia y se le obligó a dejar el país. Murió en 1876 solo, pobre y despreciado.

Un comentario en “Cobremos por cada puerta y ventana dijo Santa Anna

  1. «LAS PALABRAS CLAVE»
    Traidor de la patria, Antonio López de Santa Anna
    Alejo al ejército español, lo llamaron héroe
    Enfrentó Independencia de Texas
    Presidente 11 veces durante 20 años
    Cobró impuestos de puertas y ventanas
    fue destituido de la Presidencia en 1824
    Murió sólo, pobre y despreciado

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