¡Aguas!

La expresión «¡Aguas!» es la versión mexicana de «¡cuidado!» y es muy vieja. La usamos para advertir a alguien que hay un peligro que puede evitar; es decir, es un aviso oportuno para un despistado, por ejemplo, cuando tu amigo está a nada de pisar un chicle.

Su origen se remonta a la época en que no existía el desagüe en nuestro país. Resulta que en la noche, antes de ir a dormir, las personas ponían una vasija junto a su cama por si en la madrugada les daban ganas de ir al baño.

Al levantarse, tomaban la vasija llena de pipí o excrementos —también llamada bacinilla, bacinica, porcelana o borcelana—, se asomaban a la ventana o al balcón y gritaban a viva voz: «¡Aguas!», para avisar que aventarían el «contenido nocturno».

aguas

Lo más feo es que a esas horas salían a la calle las vendedoras de chichicuilotes, el aguador, el lechero o el recogedor de basura y, si alguno de ellos estaba distraído, era sordo o no alcanzaba a escuchar el aviso, terminaba mojado de todo aquello que te imaginas.

Afortunadamente en nuestros días, si queremos ir al baño, vamos, le jalamos y no le echamos a perder la mañana a nadie.

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