Colorín colorado, este platillo se ha terminado

Algunas escenas de los cuentos de hadas más famosos poseen detalles que le abren el apetito a cualquier lector: sólo recuerda la jugosa manzana de Blancanieves, el exquisito pastel de Caperucita o la dulce casa de caramelo de Hänsel y Gretel.

Hace tres o cuatro siglos, los campesinos se reunían con sus familias y contaban historias fantásticas. Para intentar captar la atención de los niños, los relatos eran muy descriptivos: la ropa y la comida merecían narrarse con el más mínimo detalle. Esto lo hacían, principalmente, para hacer volar su imaginación, ya que las prendas elegantes y los platillos abundantes eran muy lejanos a su realidad en el campo.

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Menú digno de príncipes

Más adelante, algunos autores como Charles Perrault y, sobre todo, los hermanos Grimm rescataron las historias del campo, las escribieron y algunas las adaptaron, de tal forma que sus finales fueran más felices. La comida continuó siendo un elemento muy importante en sus narraciones, pero la manera en que la presentaron dependía del lugar de origen de cada artista.

Por ejemplo, Perrault —quien popularizó Barba azul, El gato con botas o Caperucita roja— fue un francés de la alta sociedad del siglo XVII e incluyó en sus versiones los exquisitos platillos de su época, como la salsa Robert que se menciona en La bella durmiente o el manjar de naranjas que el príncipe azul ofreció a Cenicienta durante el baile.

Un ingrediente cambia la historia
En el siglo XIX los hermanos Grimm plasmaron los gustos sencillos del pueblo alemán, como la manzana que hechizó a Blancanieves; el rapónchigo, una hortaliza alemana que crece tan larga como el pelo de Rapunzel y cuyas raíces se parecen a un rábano o un nabo —su nombre proviene del latín rapum y significa ‘nabo’—, o la casa hecha de pan y azúcar que atrajo a los hambrientos hermanos Hänsel y Gretel.

Si te fijas bien, no importaba si era una fruta o una buena salsa, cada elemento comestible podía marcar el futuro de los personajes: para unos, la comida fue una trampa —como los platillos que Barba Azul ofrecía a las doncellas—; para otros significó salvar su vida o alejarse de la pobreza —como la cena que el gato con botas preparó al rey—. El punto es que la magia del sabor siempre ha estado presente en los cuentos.

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Instrucciones para cocinar un relato
Cada historia es una receta que se va cocinando con diferentes ingredientes; éstos pueden ser personas, lugares o experiencias, y la forma de prepararla cambia según sea el cocinero, quien le agregará su sazón, es decir, su estilo personal. Del mismo modo, una receta no siempre se tiene que seguir al pie de la letra, tú siempre le podrás agregar o quitar elementos según lo desees.

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