PICKLES, EL PERRO QUE SALVÓ LA COPA

Fue en Inglaterra, en el año 1966. Faltaban cuatro meses para que comenzara el Mundial de Futbol en ese país, por lo que en su capital, Londres, pusieron una exposición donde la principal atracción era la copa Jules Rimet, el premio para el campeón del mundo.

La Jules Rimet era un trofeo hecho de plata y lapislázuli —una piedra semipreciosa de un hermoso color azul—, que representaba a la diosa griega de la Victoria. Mucha gente iba para admirar este trofeo de cerca hasta que un día… simplemente desapareció. ¡Alguien lo había robado!

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Buscando la Victoria

Se hizo un gran escándalo. Los policías de Londres se pusieron a buscar el trofeo como locos. Pasó un día, dos, tres, pero nada. Nadie sabía quién se lo había llevado y mucho menos dónde se encontraba. Tenían que hallarlo lo más pronto posible, pues aficionados de todo el mundo tenían los ojos puestos en ellos.

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Además, tenían el compromiso de entregarlo al equipo que ganara el Mundial, y si no había trofeo, ¿qué iban a dar de premio?

Pickles entra en acción

Pues bien, pasaron siete días llenos de nervios, ya estaban perdiendo la esperanza de recuperarlo cuando un señor en chanclas llegó corriendo a las oficinas de la policía. Traía en sus manos algo envuelto en papel periódico y jalaba la correa de su perro.

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¡Creo que encontré la Copa del Mundo! —gritó. Efectivamente, había encontrado el valioso trofeo. Contó que estaba paseando a su perrito Pickles cuando éste empezó a olfatear entre unos matorrales de la casa de un vecino. Él se acercó al lugar que olía el perro y vio un paquete, lo desenvolvió y como se parecía muchísimo a la Jules Rimet, se dirigió a Scotland Yard —así se llama la oficina de la policía de Londres— a regresar la copa perdida.

Mundialmente famoso

Todo mundo se puso muy contento y el perro Pickles fue festejado como un héroe. Le pusieron una medalla, le dieron un regalo y miles de dólares como recompensa. Su dueño, el señor Corbett, hasta se pudo comprar una casa con el dinero recibido.

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La felicidad llegó al máximo cuatro meses después, cuando Inglaterra, el país anfitrión, venció 4 por 2 a Alemania en la final, ganó el Mundial y recibió el trofeo recuperado por Pickles.

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