Jeff Koons: El artista de los negocios

Desde niño, Jeff estuvo acostumbrado a convivir con los clientes que llegaban al negocio de su papá —un decorador de interiores— a bus- car algún accesorio o mueble con qué adornar su hogar; le gustaba tanto platicar y compartir todas sus ideas, que decidió vender dulces para conocer a más personas y saber más de ellas.

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Todos tenemos un ídolo

Jeff nació en York, Pensilvania, en 1955, y fue por el trabajo de su padre que se interesó por entender la función que cumplían las cosas en nuestra vida diaria; es decir, no importaba si era un juguete, un banco de madera o una maceta vieja, los clientes de su papá siempre acudían a él porque consideraban que ese objeto los podía hacer sentir bien con tan sólo verlo en su casa, tal como si fuera una obra de arte —aunque no lo fuera.

Sin embargo, cuando era niño nunca entendió muy bien de qué se trataba el arte. Fue hasta años más tarde, cuando se encontró con la obra de Marcel Duchamp, un artista francés muy reconocido, que supo todo lo que el arte puede producir en una persona.

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Y es que Duchamp usaba objetos cotidianos —como un mingitorio o una rueda de bicicleta— para introducirlos como «obras de arte» en los museos, pues tenía el objetivo de mostrarle al mundo entero que las ideas que la gente tenía en ese tiempo, a inicios del siglo XX, no eran precisamente las correctas. Koons adoptó este concepto y decidió crear algo similar ¡con una aspiradora!

Museo Koons alrededor del mundo

Si a algo se parece la obra de Koons es a una plática con tus amigos en donde cada quien cuenta cómo le fue durante sus vacaciones en la playa: todos vivieron experiencias muy diferentes entre sí, a pesar de haber estado en el mismo lugar. Así es el arte de Jeff Koons, usa objetos que todos identificamos pero cada quien lo disfruta a su modo.

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Además, los materiales y sus temáticas son tan cercanos a lo que conocemos, que logran despertar sensaciones y recuerdos diferentes en el espectador, pues cada uno lo asocia con sus vivencias personales. Para que te des una idea, te presentamos algunas de sus obras más conocidas.

🎨 Hulk Elvis

Esta obra combina las serigrafías de Elvis Presley hechas por el artista Andy Warhol y la pose del Increíble Hulk. Poel éxito que tuvo, Koons decidió hacer una serie de esculturas con globos —de ésos que venden en los parques— y otros materiales, como macetas. Para ello se inspiró en la técnica readymade, una corriente artística muy usada por su más grande ídolo Marcel Duchamp.

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🎨 Puppy

Esta escultura de flores está sostenida por una base metálica y está inspirada en los jardines monumentales de los palacios europeos del siglo XVIII. Actualmente adorna las puertas del Museo Guggenhaim en Bilbao, España.

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🎨 Balloon Dog

Algunas de sus obras seguramente te recordarán mucho a las tradicionales figuras de globo que hacen los payasos en las fiestas. Balloon Dog está inspirado en el mito del caballo de Troya, de La Odisea de Homero. En él se escondieron un montón de soldados para infiltrarse y en la noche atacar a los troyanos.

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Dinero, dinero, ¡QUIERO DINERO!

La próxima vez que tus papás te digan que no debes dedicarte al arte porque los artistas «se mueren de hambre» podrás decirles que no es una regla general, pues Jeff es un gran empresario que aprovecha cualquier oportunidad para colaborar con otras personas para que sus obras lleguen más y más lejos, y así todo el mundo quiera trabajar con él. Como Lady Gaga, quien un día le habló para que él diseñara la portada de su disco ARTPOP.

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Además, no sólo vive de sus colaboraciones, también vende sus obras en ¡millones de dólares! Imagínate, en una subasta alguien extremadamente rico adquirió la obra Rabbit (1986) en 91.1 millones de dólares: ¡suficiente para comprarte una mansión de 16 habitaciones, ocho albercas y un jardín con tirolesa de 4 kilómetros de extensión!, lo que lo convirtió en el artista vivo con más trabajo en el mundo.

Si algo aprendió Koons en su etapa de niño comerciante fue que el arte debía ser una gran experiencia tanto para el artista como el espectador: mientras el primero debía disfrutar cada minuto en el que esculpía o pintaba su próxima creación, el segundo tenía que sentirse feliz tan sólo con ver la obra de arte ya terminada. Quizá ahí radica su éxito.

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