Las medicinas más raras en la antigüedad

Si pensabas que no hay remedio más raro que el té de hígado de zorrillo que tu mamá te da para la tos, prepárate para conocer las «medicinas» más extrañas que, hace muchos años, usaban para curar algunas enfermedades.

SANA SANA, COLITA DE RANA

Cuando carecemos de explicación ante algunas cosas, solemos crear conclusiones muy extrañas que parecen no tener sentido. Al menos así les pasó a los médicos de antes: cuando no podían encontrar el origen y el remedio de alguna enfermedad, ideaban la forma de dar con el antídoto perfecto —y más peculiar— para sus pacientes.

Por ejemplo, aunque la rana carece de cola —contrario a lo que la frase diga—, en la Antigüedad rebanaban su trasero y lo preparaban de diferentes formas, pues creían que podían aliviar el dolor de muelas, el de estómago y hasta las convulsiones. Ciertamente, con los avances científicos y tecnológicos se dieron cuenta que habían estado equivocados.

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS

Si eras de los niños que mojaban la cama, la solución al problema hubiera sido darte de comer un ratón rostizado
o una cucharada de popó de liebre, ¿delicioso, no? En cambio, si el virus de las paperas te hubiera invadido, lo más seguro es que te recetaran lo siguiente: amarrarte al cabestro de un caballo y éste te jalara dentro del chiquero de los puercos —también creían que el lodo tenía propiedades curativas—. ¡Menos mal que ya existe vacuna para eso!

Por otro lado, existen males que ni en tu piel quisieras tener; como las verrugas; dicen que en el pasado bastaba con pasar una piedra en cada una para despegarlas, después debías guardarlas en una bolsa y tirarlas en la calle para que alguien más las recogiera y se quedara con ese indeseable mal —¡qué mala onda!—. Pero si querías ser el último portador de esa horrible enfermedad, podías poner un pedazo de carne de res sobre éstas durante un rato, enterrarla y ¡santo remedio!

PARA TODO MAL: UNA SANGRÍA

En la Edad Media fueron más extremos. Hay escritos que aseguran que una sangría podía solucionar cualquier problema de salud, y no nos estamos refiriendo al refresco que venden en las taquerías de la esquina. Ésta consistía en abrir una vena y dejar salir la sangre. Esta actividad la llevaban a cabo los barberos —y no los médicos— , por eso la vida de los enfermos llegaba a su fin antes de sentir alivio.

Si conoces a alguien que a cada rato padece de dolores de cabeza, aclárale lo afortunado que es, pues con que se tome una pastilla se recuperará en menos de dos horas. No obstante, hace más de 1,500 años el remedio para este
malestar era ¡perforar el cráneo: se pensaba que con eso era suficiente para liberar la presión acumulada en el cerebro.

Por suerte, en nuestros días la ciencia ha avanzado mucho y ya no tenemos que ponernos carne cruda en la cara o cortarnos algo para aliviar un simple dolorcito.

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