Nuestras nuevas bancas

Hace unos meses nuestra rutina para llegar a la escuela cambió por la cuarentena: engañar al despertador y pasar un ratito más bajo las cobijas era casi un arte, desayunábamos con ojos cansados y, a veces olvidábamos el proyecto final de ciencias naturales o nuestra lonchera sobre la mesa de la sala. Todo eso parece un sueño lejano. ¿Qué cosas extrañamos de ir a la escuela?

Cosas que extrañamos

Hora del recreo. Formamos en la fila de la tienda, mientras platicas.

Mejores amigos. Encontrarnos con nuestro mejor amigo al que cambiaron de salón y que a veces logramos ver rondando entre pasillos.

Chistes de banca. Definitivamente el chat privado de Zoom no sustituye las bromas y las risas en vivo.

Molestar al de enfrente. Lanzarle una goma o una bolita de papel a alguien, siempre ha sido chistoso.

Misses y profes. Nunca falta el día en que la maestra nos sorprende con un chocolate, muchos dulces u otros premios después de un examen muy difícil.

Peleas divertidas. Armar debates o luchar por estar en e equipo de nuestro mejor amigo y ponernos de acuerdo en los intercambios de 14 de febrero o Navidad, es divertidísimo.

Ensayos e bailes. Aunque a muchos nos daba pánico escénico, prepararnos para salir en las obras y bailes de los festivales es increíble.

Trueques de lunch. «¿Por qué mi mamá insiste en mandarme pan integral?», «Te lo cambio por tu sándwich de crema de cacachuate», «Te doy mis salchichas con cátsup, si tú me das tus galletas de chocolate», son frases que nos ponen contentos.

Ceremonia del lunes. Darle un codazo al de a lado para no aburrirnos.

Sentarnos en círculo en el patio. Hablar de nuestras pláticas favoritas, las tareas que no nos dejaron pegar el ojo temprano y los planes de la próxima pijamada.

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Foto: Max Fisher

Cosas que ni de plano extrañamos

Estar en ceremonia, bajo el sol. Siempre terminamos sudados y asoleados.

Mañanas heladas. El estar parados en el frío de las mañanas era ¡horrible!

Retardos. Las prisas por llegar puntuales a todo.

Dolor de espalda. Cargar los libros gordos durante la ceremonia es muy incómodo.

Peinados aburridos. El pelo lleno de gel o coletas súper estiradas desde muy temprano.

Bombas de putrefacción. Los envases del lunch que a las 3 de la tarde estaban a punto de reventar por el mal olor.

Uniforme. Qué aburrido vestirnos todos los días igual, bolear tus zapatos y planchar tu falda y pantalones.

Reportes de mala conducta. El freno de diversión: correr entre las bancas en ningún otro momento de la vida era un deporte extremo.

Poder ir sólo una vez al baño. Regular tu consumo de agua aunque tu boca pareciera el desierto de Sahara.

Clases de educación física a las 12 del día. Uno sentía desmayar en pleno sol y si eras de los que no les gustaba correr, podías pasar toda una hora refunfuñando.

3 comentarios en “Nuestras nuevas bancas

  1. Este articulo es con el que mas me siento relacionada porque es verdad ahí cosas que extrañamos y otras no pero es la realidad y esperemos que volvamos a la realidad .

    dato curioso: ya llevamos un año sin volver a presenciales

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