El nacimiento de Huitzilopochtli

Esta historia la contaban en el México de hace muchísimos años, cuando la gente creía en seres místicos a los que debía respetar y venerar. Narra el origen del dios guerrero, protector de los mexicas: Huitzilopochtli.

Huitzilopochtli es un nombre náhuatl que quiere decir ‘colibrí zurdo’. Los mexicas consideraban a Huitzilopochtli como uno de sus principales dioses y le ofrecían como tributos los corazones de los guerreros capturados en el campo de batalla.

En el cerro de Coatepec, en Veracruz, la diosa Coatlicue barría a diario. Era un trabajo cansado. Un día, Coatlicue se encontró una bola de plumas muy colorida, le pareció un adorno peculiar, y lo guardó debajo de su falda para no perderlo.

Al terminar de barrer, llegó a su casa, donde vivían los surianos —sus 400 hijos—, y buscó la bola de plumas. No la encontró, pero se dio cuenta de algo más: había quedado embarazada. Les dio la noticia a sus hijos, pero a ellos no les gustó nada.

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«Nuestra madre se embarazó de repente. ¡Esto es inaceptable!», dijo Coyolxauhqui, una de sus hijas. Confundidos y enfadados, se convencieron de que debían de hacer algo drástico. Así decidieron lo peor: matar a su madre. Se ataviaron para la guerra y se fueron a cumplir su propósito.

La guerra

Lo que no sabían era que el niño en el vientre de Coatlicue era nada más y nada menos que Huitzilopochtli, el amo de la guerra. Por la decisión de sus hermanos, pidió la ayuda de un vigía o vigilante —también hijo de Coatlicue— llamado Cuahuitlícac, para prepararse a la llegada de sus hermanos.

Cuando el ejército estaba a punto de alcanzar a su madre, nació Huitzilopochtli. Nació listo, con sus armas y pinturas de guerra. Los 400 surianos lo vieron y sintieron miedo, pues vieron el gran poder que tenía.

Huitzilopochtli derrotó a todos sus hermanos; los persiguió hasta que no quedó ninguno. Los pocos que se salvaron escaparon hacia el sur. En honor a su valor, lo veneraron por cientos de años, y lo admiraron por su habilidad en el combate.

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