Una lucha eterna

Existe una lucha eterna: la que se libra entre el bien y el mal. Según el cristianismo, casi desde que Dios creó el Cielo y la Tierra y a todos los seres que habitan en ella, los ángeles y los demonios se han estado peleando por que los seres humanos vayan por el camino de la virtud o el del pecado. Así empezó esta rivalidad.

Ángeles

En el Génesis, que es el primer libro de los que forman la Biblia, puedes leer el relato de la Creación: Dios se tardó siete días en crear el Universo. El primer día hizo la luz, y con ella formó un grupo de seres luminosos a los que llamó «ángeles». Junto con la luz, también creó la oscuridad, que por el momento, no tenía ningún habitante.

La palabra «ángel» proviene del latín ángelus y éste, a su vez, del griego ágguelos y del hebreo malákl; todos ellos significan ‘mensajero o servidor de Dios’. Son criaturas incorpóreas —que no poseen cuerpo— y son superiores a los seres humanos, pues se desprenden directamente del Creador. Sus vestiduras son de un blanco deslumbrante y tienen luz propia. Su función es llevar a los hombres por el camino de Dios.

La prueba

Cuenta la tradición que Dios les puso a los ángeles una prueba, la cual consistía en que debían rendirle adoración al hijo de Dios hecho hombre.

Al enterarse de la noticia, no todos la recibieron con agrado. En especial Luzbel, el más bello y glorioso ángel de la corte celestial. Su soberbia no le permitió adorar a un ser que él consideraba inferior, se rebeló y dijo: «Yo no serviré a nadie, seré igual a Dios».

Algunos miembros de la corte apoyaron su decisión, pero otro ángel se opuso, en un acto de amor y lealtad a Dios y exclamó: «¿Quién como Dios?». Se trataba de Gabriel, cuyo nombre significa ‘fortaleza de Dios’. Por esta lealtad, Dios hizo a Gabriel su ángel mensajero, mientras que Luzbel fue expulsado del Paraíso y se convirtió en Lucifer.

Demonios

Así empezó la historia del infierno. Lucifer descendió a lo más profundo del abismo junto con los demás ángeles que se negaron a adorar al hombre. Fueron condenados a habitar en las sombras y es por ello que a la oscuridad se le conoce como el espacio para el mal, mientras que la luz es sinónimo del bien.

A la figura diabólica también se le conoce como Satán, que significa ‘adversario’. Los ángeles caídos conservaron su inteligencia, sólo que dirigida a apartar almas de la visión de Dios. Su apariencia cambió, perdieron su luminosidad, su belleza y les salieron cola y cuernos. Su nueva función, desde entonces, fue reinar en el Inframundo —‘debajo del mundo’—, sembrar la destrucción en la Tierra y convencer a los seres humanos de pecar para que se vayan al infierno.

El bien contra el mal

Hay un lugar donde puedes ver representada la eterna lucha entre el bien y el mal, y es el teatro. Cada año, en diciembre, se presentan las pastorelas, que cuentan cómo san José y la Virgen María buscan refugio para dar a luz al niño Jesús, mientras que un grupo de pastores recibe el aviso del ángel Gabriel sobre la llegada del Salvador. Ellos parten a adorarlo, pero en el camino Lucifer les pone un montón de obstáculos para evitar que lo logren. En un emocionante y divertido momento, puedes ver el enfrentamiento entre Gabriel y Lucifer.

La primera pastorela fue La adoración de los Reyes Magos, escrita por fray Andrés Olmos con la finalidad de enseñarles a los indígenas de una manera divertida y fácil de entender, el nacimiento del niño Jesús.

Diversas culturas como los sumerios, egipcios, griegos, budistas, hinduistas y celtas, dieron a seres alados características de ángeles.

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