El Escusado, W. C. o como le quieras llamar

No importa que sea de perro, de caballo o de bebé: la caca es apestosa en cualquiera de sus presentaciones y provoca más asco si se te embarra en el zapato cuando vas a jugar al parque. Así es: todos los seres humanos hemos odiado su pestilente existencia desde tiempos inmemoriales, por lo que decidimos alejarla de nuestras vidas a través de un maravilloso artefacto: el escusado.

escusado

Po-Pó, Let’s go!

Cuando el hombre era nómada «se hacía» donde su aparato digestivo se lo pidiera —¡al fin que ya no regresaría a ese lugar!—. Luego, al volverse sedentario necesitó de un espacio donde pudiera abandonar su excremento, tan cerca como para que no «le ganara» en el camino, pero tan lejos como para no percibir su horroroso e incómodo olor y… ¡se le ocurrió la letrina!

La letrina es un agujero muy profundo cavado en la tierra, al que se le pone un asiento con un hoyo en el centro; al «terminar» le echas cal y de esta manera todo lo que hiciste se deshace en menos tiempo. A pesar de ser una creación de más de 500 años,
aún la siguen utilizando en muchos lugares del campo.

¡Aguas!

Más tarde se creó la bacinica, ésa que le ponen a los bebés cuando están aprendiendo a dejar el pañal, pero en lugar de ser de plástico, era de piedra, de madera y ¡hasta de oro! Ésta se ponía debajo de la cama y resultaba muy funcional en los tiempos en que no existía el drenaje: cuando la gente hacía sus necesidades, sólo tenía que agarrar la cubeta y arrojar a la calle todos los desperdicios, mientras gritaba «¡Aguas!» para que las personas que iban caminando se quitaran del paso.

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¡Adiós, caca!

En 1596, Sir John Harrington, un ahijado de la reina Isabel I, inventó el primer escusado, un artefacto que se llevaba las heces y los olores a través de un tanque de agua, una válvula de descarga, un asiento y una salida al drenaje. Lo construyó e instaló en el palacio de Richmond para el uso exclusivo de su madrina, quien se negó a darle la patente por considerar que se trataba de un invento «indigno de un noble». ¡Qué equivocada estaba!

A partir de entonces, el diseño y tecnología del escusado comenzaron a evolucionar, hasta tomar la forma que ahora conoces. De hecho, hemos llegado al punto en el que ya no sólo transporta tus desechos muy lejos de ti, pues además existen versiones en las que puedes precalentar el asiento, si una noche de invierno te dan ganas de ir al baño, o bien, los que tocan tu canción favorita mientras te deshaces de todo lo que tu cuerpo ya no necesita.

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  1. En 1596, Sir John Harrington, un ahijado de la reina Isabel I, inventó el primer escusado, un artefacto que se llevaba las heces y los olores a través de un tanque de agua, una válvula de descarga, un asiento y una salida al drenaje.

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