El globo de Shakespeare

Todos cometemos errores: puede ser que en alguna ocasión se te haya caído una taza; otra, que hayas olvidado hacer una tarea o cerrar la llave del lavabo e, incluso, que sin querer hayas incendiado un teatro entero hasta convertirlo en cenizas. Pues resulta que esto último sí sucedió en el siglo XVI, en Inglaterra, y no lo hizo cualquier persona, sino nada más ni nada menos que uno de los escritores más importantes de toda la historia: William Shakespeare.

¡Quiero que mis obras lleguen a todos!

The Globe Theatre —mejor conocido en español como ‘El Globo de Shakespeare’— fue construido en el año 1599 con el dinero del mismísimo «Will» y otros tres amigos, pues deseaban tener un lugar dónde exponer todas las obras que éste escribía, ya que en esos tiempos las artes escénicas no eran muy bien vistas por la gente.

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El Globe era una construcción muy distinta a los teatros actuales: en vez de ser una sala grande en la que de un lado está el escenario y del otro, las butacas, éste era una especie de edificio de madera sin techo, poligonal y de tres pisos, donde actores y actrices hacían sus maravillas en el centro del lugar.

Shakespeare nombró el lugar así por el globo terráqueo, o sea, el mundo; de igual forma se cuenta que, al hacerlo, también se inspiró en un autor romano llamado Petronio, quien decía en latín —el idioma de los romanos— «Totus Mundus Agit Histrionem», que significa ‘el mundo es un escenario’.

Luces, flamas y… ¡acción!

¿Y el incendio? Pues verás. Un día de aquéllos, cuando Shakespeare estaba por cumplir 50 años, determinó que ya no escribiría más comedias, únicamente tragedias; para demostrarlo, desarrolló una obra junto a su amigo John Fletcher, que en el comienzo advierte que será una historia muy seria y formal. La nombraron Enrique VIII y relataba la vida de un rey de Inglaterra.

Al montar la obra, Shakespeare decidió que la entrada del protagonista debía ser majestuosa, grande y muy ruidosa, pues se trataba de un señor muy poderoso e importante; qué mejor idea que usar un buen cañón para cumplir tal propósito, pero no contó con las chispas que éste arrojaría: Enrique VIII subió al escenario, el cañón explotó y el edificio de madera se incendió. No hubo tabla que se salvara, pero, por fortuna, nadie salió herido.

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¡Salvación por mí y por todos mis amigos!

Por fortuna, la mayoría de los errores se pueden corregir. En 1997, tras 20 años de investigación arquitectónica, fue reconstruido el nuevo Globe. Aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo era el original, los arquitectos que se encargaron del trabajo se basaron en mapas y relatos del siglo XVI y se edificó lo más semejante al primero.

Gracias a ello, ahora todos podemos ir a ver una buena obra, comer en el restaurante y buscar algún buen regalo en la tienda de recuerdos. Además, puedes tomar cursos de actuación o entrar a talleres pensados para niñas y niños como tú. Lo mejor es que ahora tienen mucho más cuidado con las chispas que puedan provocar algún incendio.

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