Los explosivos

Uno de los primeros explosivos fue la pólvora. En el siglo VIII los chinos crearon una fórmula para fabricarla: combinaban salitre ––una sustancia con mucha sal–– y azufre con carbón.

Al principio usaban la pólvora para hacer fuegos artificiales y luces de bengala, pero con el tiempo comenzaron a utilizarla en armas de guerra como cohetes, fusiles o granadas. Mucho tiempo después, se dice que el explorador italiano Marco Polo llevó la pólvora a Europa.

Otro tipo de explosivo es la nitroglicerina, la inventó el químico italiano Ascanio Sobrero en 1840. Mezcló muchas sustancias químicas: ácido nítrico y sulfúrico, los mantuvo fríos y luego agregó con cuidado glicerina a la mezcla. El único problema de este invento fue que era muy delicado y explotaba con apenas ser tocado, por lo que nadie lo quería distribuir.

En 1866 el científico sueco Alfred Nobel descubrió que si la nitroglicerina era absorbida por otro material no era tan peligrosa. Así nació la dinamita, que ha ayudado a que se construyan puentes, minas y túneles. Desafortunadamente, mientras experimentaba con la dinamita, su hermano menor murió en una explosión. Nobel no quería que la gente lo recordara sólo por haber inventado un explosivo, así que en su testamento pidió que se establecieran los premios Nobel, que se le dan cada año a personas que trabajan en favor de la humanidad en la ciencia, la literatura y la paz.

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