Lápiz, pencil; pluma, pen

Muchos objetos han servido como medio de expresión, por ejemplo, los instrumentos musicales, los instrumentos de cocina o los de costura. Pero existen otros que han acompañado al hombre en su historia y lo han ayudado a fijar sus conocimientos y pensamientos. Nos referimos a los instrumentos de escritura.

Según Marco A. Almazán, los chinos inventaron todo. Yo no lo sé de cierto, pero en el tema que aquí tocamos tuvieron mucho que ver: la tinta china, el papel, la imprenta y el pincel. Gracias al papel de los chinos —que no es exactamente el papel de china de la papelería—, en Europa hubo papel, pues los árabes lo trajeron de allá y los italianos lo empezaron a fabricar.

La tinta

Volviendo a los chinos y sus inventos, habrá que mencionar la bendita tinta china, que se conoce
 desde el siglo II antes de Cristo. Fabricada a partir de pigmento de carbón finamente molido, resinas vegetales y agua, esta tinta resultaba indispensable para ciertas profesiones. Con ella, arquitectos e ingenieros hacían los planos que sirvieron de guía para construir edificios, calzadas y puentes.

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Las crayolas

Los niños fueron más felices —igual que sus maestras— cuando en 1903 Jamil Bhuijan y Roxie Able juntaron parafina —que es cera como la de las velas— con pigmentos e inventaron los crayones. Resultaron ser ideales para los preescolares, pues además de no ser tóxicos, evitan los infaltables desastres que ocasionan las pinturas y sus vasitos de agua derramada.

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El gis y el pizarrón

El gis, un antiquísimo instrumento hecho de una 
arcilla terrosa y blanca, forma un trío inseparable con
 el pizarrón y el borrador. Este equipo escolar es muy necesario para la maestra, y es el anhelo de los alumnos que le ayudan, creyendo que sacudir el borrador y llenarse de gis hasta lo más profundo de sus pulmones es todo un honor.

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El lápiz

Sin duda, el más útil de los instrumentos, y uno de los más queridos, es el lápiz de grafito. ¿Quién no ha gozado con un lápiz nuevecito, largo y amarillo? ¿Quién no ha perdido por lo menos diez en su vida? ¿Quién, jugando, no ha roto alguno que no es suyo ante la sorpresa de su dueño?

Bueno, pues éste es uno de los instrumentos de más reciente invención, con su color amarillo, su goma y sus puntas grises. Pero no siempre fue así: antes de estar envuelto en madera, se formaba con cuerda; antes de ser amarillo, fue negro; y casi al final del siglo XIX se le colocó la goma de borrar en uno de sus extremos.

El lápiz dio origen al sacapuntas, al lapicero mecánico, al bicolor y los lápices de color. Lo malo del lápiz es que mientras dibujas planas, dibujos, recados, sumas, tareas y hasta murales, muere: su cuerpecito amarillo se hace más pequeño, su forma desaparece, hasta que lo olvidamos por ahí por chaparro, feo, viejo y mordido.

La pluma

Las primeras plumas las usaron los egipcios, quienes las fabricaban con los tallos de los juncos que crecían junto al río. Después, las plumas de ave se usaron para escribir y de ellas heredamos el nombre. Con el paso del tiempo, se inventaron la plumilla del escribano, la pluma fuente y el bolígrafo. A principios del siglo
 XX, Lázló Bíró inventó el bolígrafo, con su tinta de secado inmediato, que cambió la escritura.

El bolígrafo se fabricaba en grandes cantidades y se vendía por montones; por ejemplo, está Bic, marca que fue bautizada por su fabricante, un barón francés de nombre Bich, en 1950.

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