Los castillos

Érase una vez un grupo de reyes, príncipes, condes, duques y otros señores ricos e importantes que estaban en guerra y sabían que pronto sus enemigos los atacarían, así que tuvieron la idea de construir inmensas y maravillosas fortificaciones para defenderse y, de paso, vivir alejados del mundo. Así se construyeron los primeros castillos.

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La palabra «castillo» viene del latín castellum, diminutivo de castrum, que era el nombre que se les daba a los campamentos rodeados de murallas que construían los antiguos romanos; sin embargo, todas las culturas desarrollaron palacios y fortalezas.

Las más antiguas de las que se tiene registro son las de Buhen en el Antiguo Egipto, con más de 4 mil años de antigüedad.

Durante la Edad Media, los castillos se volvieron populares en Europa debido a las Cruzadas, una serie de guerras religiosas impulsadas por los cristianos, que duraron casi 300 años,
del siglo xi al siglo xiii. Su objetivo era recuperar Tierra Santa —actual Palestina, donde ocurrieron los sucesos que narra la Biblia— de manos de los árabes.

Las constantes guerras y asaltos, principalmente en Francia, ocasionaron que se hiciera necesario construir murallas para proteger las ciudades. Los señores feudales que financiaban la guerra se encerraron en castillos para resistir los ataques
 de sus enemigos. Así es, contrario a lo que dicen los cuentos de hadas, no sólo los reyes y las reinas vivían en castillos, sino muchos señores que gobernaban, aunque no tuvieran un título de nobleza.

Un castillo por dentro y por fuera

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Cómo se vivía en un castillo de la Edad Media

Debido a sus muros gruesos y sus altísimos techos, los castillos eran lugares muy fríos, por lo que sus paredes se cubrían con enormes tapices y la chimenea se mantenía encendida todo el día ―algunas veces había un sirviente encargado sólo de este trabajo.

Las comidas que más se consumían eran las carnes de venado o jabalí, frescas o encurtidas —cocidas con sal para preservarlas—, las legumbres, el pan, el vino y la cerveza. Todos estos alimentos se elaboraban dentro del castillo.

Con el paso del tiempo los castillos se convirtieron en demostraciones de poder: mientras más impresionante era un castillo, más poderoso era su dueño

En tiempos de paz, las torres no sólo 
se usaban como puntos de ataque de los arqueros, sino que se usaban como hogares y servían de alojamiento a los soldados o a familiares del señor feudal.

Los castillos no tenían dormitorios, el señor feudal y su familia compartían una habitación llamada «solana», mientras que el resto de los sirvientes dormía en sus lugares de trabajo
en colchones rellenos de paja.

El fin del mundo

Se acercaba el año 1000 y muchos creían que cuando ese año llegara, el mundo se iba a acabar. Algunos señores de la nobleza, muy asustados, mandaron construir castillos para protegerse de la muerte. Al final, el mundo no se acabó.

La Edad Media llegó a su fin, pero los castillos se quedaron como gigantescos testigos de una época fascinante.

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