Las Suricatas chiquitas pero valientes

Si sólo midieras 35 centímetros de estatura y vivieras en un lugar árido donde cualquier depredador quisiera comerte, requerirías de mucha valentía y compañerismo para sobrevivir a los grandes obstáculos del imponente desierto. Así lo han demostrado las suricatas, cuya regla de oro es: «siempre mantenerse unidas».

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Su nombre proviene del swahili —el idioma más usado en el este de África —, y significa ’gato de roca’, por la manera en que los líderes del grupo se paran sobre las piedras. Las suricatas son pequeños mamíferos que viven en los desiertos del Kalahari y del Namib, ambos en este continente.

Estas llanuras secas las convierten en presas fáciles de los halcones y las águilas, pues hay pocos arbustos o lugares para que se puedan ocultar. Por suerte, tienen garras afiladas para excavar túneles que usan como hogar y también como escondite; además, en caso de que su adversario esté cerca y no alcancen a llegar a la entrada, su pelaje de color café, similar al de la arena, disimula su presencia.

Viscosos, sabrosos, pero venenosos

Esta especie vive en pequeñas tribus integradas hasta por 30 suricatas, que todo el día están en busca de alimento —como roedores o insectos sumamente venenosos—, pues son tan delgadas que necesitan mucha comida para sobrevivir a la baja temperatura del desierto, cuando el sol se esconde.

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Como uno de sus platillos favoritos son los bichos ponzoñosos, las suricatas tienen métodos de cacería bastante creativos para poder comérselos. Por ejemplo, el milpiés africanoun manjar rico en proteínas— segrega una sustancia tóxica que, al morderlo, les puede provocar algo más que un dolor de panza; de modo que antes de servir a este gigante invertebrado, lo ruedan sobre la tierra para eliminar su veneno, lo hacen rollito y ¡a la boca!

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MENU SURICATO

🕷Huevos de avechucho del desierto cocidos, acompañados con raíces y gusanos.
🕷Pequeña rata del desierto cruda sobre una cama de hojas recién cortadas.
🕷Lagartija «empanizada» con hormigas. Coctel de larvas con un poco de frutos.

Sugerencia del chef: El gran manjar mortalmente exquisito preparado con escorpiones, arañas y serpientes venenosas, espolvoreado con un poco de arena del Kalahari.

Academia de cazadoras

Una suricata cazadora no nace, ¡se hace!, porque le fascinan los animales ponzoñosos. El entrenamiento inicia desde los primeros meses de edad y aprenden de los hermanos mayores, quienes entrenan a los pequeños en el arte de comer y no morir en el intento.

El proceso es el siguiente: primero les llevan un escorpión muerto para que se familiaricen con él y, conforme van creciendo, comienzan a practicar con escorpiones vivos, pero sin aguijón. El día del examen final, los recién iniciados reciben una presa intacta y si fallan la prueba… se van a la cama sin cenar.

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Suricatas unidas, ¡jamás serán vencidas!

La realidad es que ni con todas sus extraordinarias habilidades como cazadoras y excavadoras podrían enfrentarse solas al gran desierto, por eso mantienen una organización admirable y las hembras se encargan de ello.

Las suricatas son buenas compañeras entre sí; mientras unas cazan, otras comen, hacen túneles y siempre hay una o dos que vigilan al grupo. Desde luego, como las recién nacidas son muy pequeñas para realizar cualquiera de estas tareas, hay suricatas niñeras que cuidan a las pequeñas cuando las demás salen por comida.

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Timón, el renegado de la tribu que se hizo famoso

Hasta ahora, el único que ha roto la regla más importante del equipo ha sido Timón. La historia de cómo decidió dejar a su familia para buscar su felicidad aparece en la película El rey león 3: Hakuna Matata.

Aunque es común que los machos busquen otras comunidades para integrarse, definitivamente no se juntan con jabalíes ni leones. Quién diría que la osada decisión de este personaje lo llevaría a la pantalla grande.

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