Da Vinci, domador del agua

Seguramente has oído del italiano Leonardo Da Vinci: fue un polímata, o sea, un verdadero todólogo. No sólo sabía de arte ―como la pintura, la poesía o la escultura―, sino también de las ciencias ―como matemáticas, arquitectura, botánica y hasta paleontología.

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¿Aguado? Para nada

Lo más impresionante de Da Vinci fue que para alcanzar ese grado de conocimientos, tuvo que aprender por sí solo todo aquello que le interesaba: así es, ¡era un autodidacta puro!, lo que quiere decir que ningún maestro le ayudó.

En el área que más se le reconoce a este señor fue en la pintura, digo, ¿a quién no le suena el cuadro de La Gioconda? Sin embargo, Leonardo tuvo una peculiar admiración y gusto por el agua, pero no sólo porque le quitaba la sed, sino por sus propiedades físicas.

Su gran interés por el poder de este líquido vital nació de dos sucesos: el primero, a los 4 años, cuando vio cómo un tormentón azotó su ciudad natal: Florencia; y el segundo, a los 14 años, cuando el río aledaño de la ciudad, el
Arno, se desbordó y causó terribles daños. A partir de ahí, comenzó a buscar explicaciones de los fenómenos acuáticos, así como a imaginar nuevas máquinas que se usaran en el agua.

¡Splash!

Tal fue la fascinación de Da Vinci que hizo una lista de 64 términos diferentes que describen sólo los movimientos del agua, por ejemplo: circulación, declinación, depresión, destrucción, elevación, percusión, repercusión, reversión, rotación, sumersión y surgimiento.

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Pero todo esto no fue sacado de la manga, ya que Leonardo fue un gran observador y todo lo escribía o dibujaba con gran detalle. Podríamos decir que Da Vinci fue uno de los precursores del método científico, el cual se basa en la experimentación ―donde se observan los cambios.

Leonardo Da Vinci, Códice Atlántico (1478-1519)

Leonardo Da Vinci, Códice Atlántico (1478-1519)

Ganaré con mi diseño hidrodinámico

A pesar de las ideas tan geniales que tuvo Leonardo, no todas vieron la luz. Tal fue el caso de su ambicioso proyecto de conectar el mencionado río Arno con el mar para que así Florencia tuviera sus playitas. Algo parecido fue el sistema de compuertas y ruedas de palas que ideó para poder limpiar las calles de Milán, otra ciudad italiana.

Sin embargo, hubo otras que sí tuvieron futuro pero muchísimo tiempo después. Al menos dos de éstas vieron la luz 400 años más tarde de que Da Vinci las dibujara en su cuaderno de apuntes. La primera es un artefacto que se sumerge en el agua sin que su interior se inunde, y la segunda es un traje para que una persona camine como si nada en las profundidades del mar. Así es: a Da Vinci le debemos sus grandes ideas del submarino y el traje de buzo.

Cuidemos el agua

Leonardo también nos dejó la importancia del cuidado del medio ambiente: «El agua es al mundo, lo que la sangre es a nuestro organismo». Esto lo dijo sin conocer que todos los procesos biológicos dependen directa o indirectamente de los mares y los océanos o que sin la presencia de uno u otro organismo se afecta al resto del planeta, incluidos nosotros.

Leonardo Da Vinci, Bocetos para construir máquinas acuáticas (a. C. 1500)

Leonardo Da Vinci, Bocetos para construir máquinas acuáticas (a. C. 1500)

Así que, si lo dijo el gran Da Vinci, entonces sí es necesario no contaminar ríos, lagos y mares, pues recuerda que la Tierra está hecha 70% de agua, porcentaje similar de la cantidad de agua en nuestro cuerpo.

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