2 de octubre de 1968

De julio a noviembre de 1968 los estudiantes mexicanos protestaron en contra de un gobierno que ejercía un fuerte control político sobre la sociedad. En este fragmento de su libro 1968 explicado a los jóvenes, el profesor Gilberto Guevara Niebla nos cuenta cómo fue la trágica tarde del 2 de octubre.

Agredido y agresor

La estrategia del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz frente a la protesta fue sólo una: utilizar a la policía, al ejército y a sus agentes encubiertos para aislar y destruir al movimiento estudiantil, que había surgido como protesta contra la violencia policiaca; no obstante, se revirtió desde el gobierno el sentido de los hechos para crear la apariencia de que ahora eran los estudiantes quienes utilizaban la violencia para atacar a la policía. El agredido se convirtió, así, en agresor.

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El mitin

El Consejo Nacional de Huelga convocó a realizar un mitin el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El día de la manifestación, en el tercer piso de uno de los edificios, el Chihuahua, los estudiantes instalaron un aparato de sonido y lo usaron como tribuna. Yo estaba en el tercer piso.

El mitin comenzó a las cinco de la tarde y reunió a alrededor de 10 mil asistentes. La mayoría eran jóvenes estudiantes, pero asistieron familias completas; se veían niños, mujeres y ancianos. A la reunión también llegaron grupos de empleados y obreros. El acto transcurrió sin problemas. Fue a las 18:30 horas cuando, desde la azotea del
edificio de Relaciones Exteriores —que se encontraba al lado de la explanada—, agentes de la Dirección Federal de Seguridad dispararon dos luces de bengala. Fue la señal de ataque. Una exclamación de asombro se levantó desde la multitud cuando se observó que columnas de soldados, a paso veloz y con fusil en mano, avanzaban desde distintos puntos contra los asistentes al mitin. Estalló una balacera infernal.

Gritos y disparos

Eran muchas armas accionadas al unísono; ráfagas de ametralladoras y disparos de pistolas y rifles que se hacían principalmente a un lado de nosotros, es decir, desde los departamentos del edificio Chihuahua, por arriba y por los costados del lugar desde donde se hallaba la tribuna —tercer piso del edificio Chihuahua— del Consejo Nacional de Huelga.

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Sobre la plaza comenzaron a sobrevolar dos helicópteros armados desde los cuales se hicieron también disparos contra los edificios. Era un escenario de guerra. La balacera continuó por media hora, aproximadamente y, en medio de ella, un tanque del ejército se colocó sobre la plaza y disparó su cañón contra el edificio Chihuahua, a unos metros de donde me encontraba, provocando un incendio. Luego vino un periodo de silencio sólo interrumpido por el aullido de las ambulancias, pero tiempo después se suscitó una nueva balacera.

Detenidos

Un buen número de miembros del Consejo Nacional de Huelga nos refugiamos en un departamento del quinto piso, perteneciente a amigos del líder Félix Lucio Hernández Gamundi. Se desencadenó una lluvia torrencial.

Serían las diez de la noche cuando soldados con un guante blanco en la mano izquierda, y que se identificaban como Batallón Olimpia, entraron al departamento para detenernos y conducirnos al primer piso del edificio donde los militares improvisaron una sala de interrogatorios.

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Los estudiantes detenidos fuimos tratados por los soldados como se trata al enemigo derrotado: se nos despojó de pertenencias, se nos golpeó, se nos humilló y se nos hizo objeto de burlas crueles. De ahí nos trasladaron no al Ministerio Público, sino al Campo Militar Número Uno. Es importante decir que esa noche a ningún estudiante le encontraron una sola arma de fuego y que no hubo un solo testimonio de que alguno de ellos hubiera disparado.

Una trampa criminal

Fue una emboscada criminal, una masacre, llevada a cabo con el propósito de acabar con el movimiento estudiantil. Más adelante se intentó, inútilmente, ocultar los hechos simulando un enfrentamiento armado entre estudiantes y militares, pero evidencias abrumadoras revelaron que numerosos departamentos del edificio Chihuahua habían sido previamente ocupados por agentes de la Dirección General de Seguridad y por militares pertenecientes al Batallón Olimpia, y que fueron ellos los que iniciaron la balacera.

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El número de muertos fue probablemente superior a las cien personas, aunque algunos estiman que fueron trescientos o quinientos. Nunca se informó con exactitud. Hubo también varios centenares de heridos y no menos de tres mil personas detenidas que fueron trasladadas a prisiones que, anticipadamente, habían sido desocupadas para tal efecto. Entre esos detenidos había cerca de treinta miembros del Consejo Nacional de Huelga; entre ellos me encontraba yo.

Gilberto Guevara Niebla (Culiacán, Sinaloa, 1944) fue líder estudiantil de la UNAM durante el movimiento de 1968. Tras su encarcelamiento y exilio a raíz de los acontecimientos del 2 de octubre dedicó su carrera a la enseñanza. Es muy interesante leer completo su libro 1968 explicado a los jóvenes (editorial Fondo de Cultura Económica, 2018) para entender por qué y cómo ocurrió este importante suceso de la historia de México.

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