«Érase un hombre a una nariz pegado»

Existe gente que nos cae gordísima, tanto que no lo podemos ni ocultar. Así les pasó a unos poetas del Siglo de Oro español: se odiaban tanto que hasta lo hicieron público a través de sus poemas. He aquí la historia…

Por un lado, el narizón

Luis de Góngora formó parte de una corriente literaria llamada Culteranismo; en la cual, los escritores intentaban exprimir todo su talento, al usar, en sus poemas, muchas figuras retóricas y palabras muy difíciles de entender. Nació en 1561 y desde muy joven siempre le gustó la poesía.

Al crecer, se perfeccionó en el arte de escribir, a tal grado que empezó a ganar muchos seguidores —algo así como un influencer de nuestros tiempos— y formó parte de la corte del rey Felipe III. En 1613 escribió su obra Soledades, lo que le valió el respeto de muchos y la envidia de varios, pues, era muy garigoleada y difícil de entender.

Y del otro, el cuatro ojos

Por su parte, Francisco de Quevedo nació en 1580 —¡era casi 20 años más joven que Góngora!—. Desde pequeño sufrió de la vista y, además, tenía una pierna más corta que la otra; para evitar la burla de los demás, se refugió en los libros, mientras sus padres trabajaban —su madre era dama de la reina y su padre, secretario del rey.

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No obstante, eso fue el principio de su extrema educación. Aprendió de todo: física, teología, matemáticas, francés, italiano, latín, y claro, experimentó todas las formas de escritura —como guiones de teatro, narraciones y, desde luego, poesía—. Él se opuso a Góngora fundando el conceptismo, otra corriente literaria de la época.

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La afrenta

El odio comenzó alrededor del año 1600, en la corte de Valladolid: Góngora se enteró que Quevedo estaba copiando su estilo satírico —una forma de escribir con la que los escritores se burlaban de la realidad y costumbres de su época—, así que el viejo decidió escribir un poema burlándose de él, en el que recalcaba la falta de talento del joven escritor y sus características físicas.

Obviamente, cuando Quevedo se enteró, le respondió de la misma forma a Góngora, pues no iba a permitir que alguien lo volviera a bullear en su vida; y, si de características físicas se trataba, él no perdería la oportunidad de hacerle un poema súper gracioso que hacía alusión a la gran nariz de Góngora. A continuación te mostramos algunos versos:

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Al final, ninguno de los dos logró la admiración del otro ni mucho menos tuvieron la intención de hacerse amigos algún día. Su odio duró lo suficiente como para seguir creando poesía barroca y contestándose por el mismo medio. De esta manera probaron que la creatividad jamás estará peleada con la enemistad, por fuerte que sea.

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