Frida, para ti

Te contaré sobre Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, mejor conocida como Frida Kahlo, la pintora que nació en 1907 en Coyoacán, en aquel entonces un pueblito de la Ciudad de México lleno de árboles —los aromatizantes truenos— y maizales; lugar de coloridos rosales y una que otra rana aparecida en medio de los charcos, donde todos los vecinos se conocían y se saludaban tempranito con un: «¡Buenos días, señor!», «¡Buenos días, señora! ¿Cómo está usted?»

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Frida, cuyo nombre en alemán significa ‘paz’, era de baja estatura. Su tez era apiñonada, su boca carnosa y sus ojos grandes y negros —cual bellas almendras— rematados por dos cejas tupidas, cual ave negra al vuelo.

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Las travesuras de Frida

A Frida, al igual que a las niñas de su edad, le gustaba tener amigas y hacer travesuras. Con su amiguita, Isabel Campos, iba a los Viveros de Coyoacán a andar en bicicleta.

Una vez, el encargado de las bicis se quejó con los papás de Frida, porque la niña no le había devuelto la bicicleta que le había alquilado. Después se descubrió que Frida había chocado y destrozado la bicicleta, razón por la cual no la devolvió.

A Frida y a Isabel les encantaba irse a bañar al río Churubusco. Como no tenían traje de baño, se metían a bañar vestidas. Frida, para no presentarse en casa mojada, pasaba antes por la de su amiga, quien le prestaba ropa. Así, nadie se enteraba de sus ocurrencias.

Un día, Frida y su inseparable amiga regresaban de la escuela con un solo boleto para viajar en el tranvía. Como no contaban con dinero para comprar otro, a Frida se le ocurrió partir en dos el que tenían y acomodar cada mitad en sus respectivos cuadernos, cuidando que estuvieran a la vista como un boleto completo.

Cuando pasó el inspector… ¡ni cuenta se dio del engaño! y las niñas viajaron sin contratiempo.

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El accidente

A los 18 años, Frida, a consecuencia de un accidente del tranvía en el que viajaba con su compañero de clase, Alejandro Gómez Arias, se lesionó la columna, la pelvis, las costillas y la pierna izquierda.

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«Pobre venadilla» —se diría hoy—… pero Frida jamás se dio por vencida. Años más tarde, ya adulta, cuando le amputaron la pierna derecha, ella escribió en su diario: «Pa’ qué necesito pie, si tengo alas pa’ volar.»

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