Gonzalo Guerrero, un español náufrago

Imagina que llegas a tierras desconocidas y te impresionas con sus habitantes, su religión, su vestimenta, su lengua y todo lo que comen. Que con el tiempo aprendas a ser como ellos y, al final, este pueblo tan diferente al tuyo y a tus costumbres, te adopte. Así le pasó a Gonzalo Guerrero, un español cuya vida cambió tras casi morir en altamar.

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Abandonen el barco

Gonzalo Guerrero nació en un pueblo cercano al puerto de Huelva, España, en el último cuarto del siglo XV. Era un gran marinero, tanto que el famoso Cristóbal Colón lo invitó a navegar hacia América. Claro, por aquellos años —a finales de 1400— nuestro continente ya no era un territorio desconocido por los españoles, sino una tierra a conquistar.

Para 1511, Gonzalo y otros navegantes zarparon hacia las costas de Darien, el territorio que ahora conocemos como Panamá. Al llegar, tuvieron como primera misión trasladar un grupo de nativos de ese lugar a la Isla Fernandina —actual República Dominicana—; sin embargo, en medio del mar Caribe, un huracán provocó el naufragio de su barco y casi todos perdieron la vida, salvo unos cuantos que llegaron a una playa de la península de Yucatán llamada Akumal —para que te ubiques, está cerquitita de Cancún.

Cuando las personas migran de un país a otro, aprenden el idioma, sus festejos y, a veces, hasta cambian su forma de pensar; parece que realmente son parte de ese nuevo lugar. A eso se le llama «aculturación», y fue lo mismito que le sucedió a Gonzalo: amó tanto a los mayas que adoptó su cultura.

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De marinero a esclavo

El grupo de seis u ocho sobrevivientes fue recibido por los mayas pero, para su sorpresa, los tomaron como esclavos. A Gonzalo lo «adoptó» una familia, los Tutul-Xiúes, conocidos por ser grandes guerreros mayas. A pesar de ser su esclavo, él estaba fascinado con sus ropas, cómo usaban adornos en el cuerpo y lo que comían; es decir, por toda su cultura. Aquí viene lo bueno: se dice que una noche en la que un jaguar atacó al cacique y amo de Gonzalo, él lo defendió y lo salvó de una inevitable muerte. Como muestra de agradecimiento, el cacique le devolvió su libertad y le ofreció casarse con su hija, la princesa Zazil-há. Gonzalo orgulloso y feliz aceptó, convirtiéndose en parte del pueblo maya.

De náufrago esclavo a gran cacique

Obviamente, desde su llegada, Gonzalo aprendió poco a poco la lengua de los mayas; además, al ser parte del pueblo, se convirtió en un gran guerrero, protector de su familia y en un renombrado cacique —algo así como un gran jefe—. Sus tres hijos fueron considerados los primeros mestizos, es decir, personas con al menos dos orígenes diferentes. ¿Renunció por completo a la cultura española? No, pero sí aceptó la cultura maya con mucho respeto; nunca consideró que la suya fuera superior o que los mayas fueran salvajes —como la mayoría de los españoles lo hacía—, sino que él los conoció y se dio cuenta de que todas las culturas eran diferentes, no había malas ni buenas y todas merecían el mismo respeto.

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Todo empieza y termina en el Caribe

Una anécdota interesante fue que en 1519 Hernán Cortés llegó a las costas de la isla de Cozumel, preguntando por los españoles que sobrevivieron el naufragio de años pasados. La intención de Hernán era rescatar a Gonzalo de los mayas; sin embargo, Gonzalo no tenía que ser rescatado pues él ya estaba en su hogar. Hernán lo respetó y siguió con la ruta hasta llegar a Tenochtitlán.

En 1536, en las costas del mar Caribe, Gonzalo Marinero, como también se le llamó, murió combatiendo en contra de los Montejo, una familia de españoles que querían conquistar a los mayas en la Península de Yucatán; pero Gonzalo defendió a su nueva familia. Con el paso del tiempo esto lo convirtió en un personaje que abrió las fronteras entre pueblos y culturas diferentes.

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