El patín del diablo

Nadie se imaginaría que el antojo de una persona revolucionaría un «simple» juguete. Al menos así pasó con el patín del diablo, el padrísimo vehículo que sigue rodando por todas las calles.

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Su nombre puede variar dependiendo del lugar; por ejemplo, en España le dicen «patinete»; en Latinoamérica, «monopatín», y en México, «patín del diablo» o «scooter», que se pronuncia /scúter/. Así también le llaman en los Estados Unidos, pues proviene del verbo scoot, que significa ‘deslizar suavemente’.

Es un juguete con el que te puedes transportar de un lado a otro. Se compone por una plataforma no muy ancha, cuyos extremos sostienen una llanta; además, tiene un volante que te ayuda a dirigirlo hacia donde quieres llegar.

Para que funcione, debes subir un pie en la plataforma y con el otro impulsarte con mucha fuerza, como si «patearas» el piso.

Puedes hacerlo tan rápido como desees, sin perder el equilibrio y tomándote muy fuerte del manubrio para no caer.

Se dice que en 1890, en algún lugar de España, a unos niños se les ocurrió la fabulosa idea de clavar sus patines a una tabla y, de ésta, sujetar un palo para sostenerse. Cada quien personalizó el suyo con tapas de refresco y un poco de pintura.

En 1997, un banquero de nombre Wim Ouboter retomó esa idea y la transformó, todo por un hot dog. ¡Sí! resulta que su tienda favorita estaba muy lejos para ir caminando, pero muy cercana para ir en automóvil, así que «inventó» un modelo plegable y portátil.

Al inicio del 2000 fue equipado con un motor de gasolina y, tiempo después, con uno eléctrico. Las dos versiones se crearon para poder hacer trayectos más largos y sin cansancio. En la actualidad, los modelos más recientes son tan funcionales que la gente los usa como medio de transporte.

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