El salvavidas

Algunos salvavidas tienen forma de flamingo, de unicornio o simplemente son redondos y de colores brillantes; pero lo importante no es cómo son, sino la función que cumplen: hacerte flotar en el agua, sepas nadar o no. ¿Quién habrá tenido tanto ingenio como para crear un objeto así?

Como su nombre lo dice, este objeto sirve para salvar muchísimas vidas: es un artefacto de formas distintas, cuyo interior está lleno de aire; esto le permite flotar cuando lo ponen en el agua; además, aunque lo sumerjan varios metros, siempre saldrá a la superficie.

Algarabía-Niños-39-85

Los primeros registros de su existencia están en algunas inscripciones asirias —una civilización de la antigua Mesopotamia, del año 2600 a. C.—. Ellos usaban un largo saco de cuero para poder nadar con mayor facilidad en las corrientes del río Tigris.

A lo largo del tiempo, otras culturas tuvieron su propia versión, pero la mayoría los seguía haciendo de piel de animales. Muchas otras usaban algo similar a un colchón relleno de paja, como los que usaba el ejército de Alejandro Magno, entre los años 336 y 223 a. C.

En el siglo XVIII, Juan José Navarro, un marino y militar español que amaba el mar describió, en su libro Arquitectura naval antigua y moderna, un artefacto circular llamado «sálvenos» hecho de corcho, que se ataba a una parte del barco y se lanzaba al tripulante que cayera al agua por accidente.

En 1854, un inspector del Reino Unido, mejor conocido como el Capitán Ward, confeccionó una prenda para flotar hecha de tiras de corcho, para ayudar a los miembros de la Royal National Lifeboat Institution —una institución inglesa dedicada a buscar náufragos en el mar— durante las tormentas.

Durante los siglos xviii y xix la Marina Real Inglesa —dedicada a capturar piratas e imponer poder en las aguas— prohibió el uso de cualquier idea de salvavidas, porque de esta manera ayudaban al enemigo a escapar.

En su búsqueda por el material perfecto, el Capitán Ward usó pelo de caballo y distintos tipos de madera, como juncos o baobabs ―como los árboles de El Principito―, pero éstos resultaban muy pesados para los tripulantes y no les permitía moverse ágilmente. Al final, unió las tiras de corcho, las cosió a un chaleco de lona y ¡funciónó!

Algarabía-Niños-39-89

Actualmente no sólo existen los salvavidas que usamos al salir de vacaciones, también los hay en los aviones en forma de chalecos, y existen unos tan modernos que tienen un pequeño motor para evitar que te canses de más en el agua.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *