Las velitas de cumpleaños

Ningún festejo de cumpleaños sería especial si, después de cantarte Las mañanitas, no le soplaras a las velas del pastel. Aquí te contamos cómo surgió esta mágica tradición.

Todo comenzó en la Antigua Grecia: en las celebraciones a la diosa Artemisa se preparaba un pastel al que se le añadían luces, pues éstas simbolizaban la luz de la luna.

El hábito de pedir un deseo y soplar las velas viene de la creencia en la que, según distintas culturas, el humo llevaba los deseos al cielo.

Por otro lado, en la Alemania medieval —o sea entre los siglos V y XV—, para festejar sus cumpleaños, a los niños se les regalaba un pastel con una vela prendida en la mañana y por la noche debían apagarla. La luz significaba ‘la luz de la vida’.

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Se cree que la costumbre de poner velas en los pasteles, según los años cumplidos, surgió también cumpleaños en Alemania pero ¡hasta 1746!, cuando el conde Ludwig Von Zinzindorf celebró su cumpleaños así.

Son de cera y tienen un hilo grueso en el centro. Sus colores varían y miden de cuatro a seis centímetros.

Actualmente existen muchos tipos de velitas como aquéllas que por más que les soples no se apagan, las que sueltan chispas o las que parecen una bengala.

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