Aquí hay gato encerrado

¿Es cierto que los gatos siempre caen de pie? ¿O que tienen siete vidas? ¿O que encontrarnos un gato negro en la calle es de mala suerte? Aquí hay gato encerrado, porque algunas creencias acerca de los mininos son ciertas y otras son falsas, pero, ¿cuál es cuál?

Mito: Los gatos negros dan mala suerte.

¡Falso!
Aunque no se sabe exactamente por qué existe este mito, algunos creen que su origen está en la Edad Media, cuando tristemente fueron asesinados muchos gatos negros por haber estado involucrados en ceremonias en contra de la religión cristiana. Pero lo que es malo para algunos es bueno para otros. En Gran Bretaña, por ejemplo, el gato negro es símbolo de buena suerte. Si te encuentras a un gato negro en la calle o tienes uno, puedes estar seguro de que no da mala suerte.

Foto de Helena Lopes en Pexels

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expresión

Mito: Los gatos siempre caen de pie

¡Verdadero!
Éste es uno de los mitos más populares sobre los gatos y, sorprendentemente, es verdad. Cuentan con algo llamado «reflejo de enderezamiento», el cual permite que su cuerpo logre girar mientras caen y así llegar al suelo en cuatro patas. En los pocos segundos que dura la caída, la cola del gato sirve como hélice para hacer un contrapeso. ¡Como un helicóptero! Esto no quiere decir que no mueran si caen desde una gran altura.

Pexels/Pixabay

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Mito: Los gatos tienen siete vidas.

¡Falso!
Por mucho que esto sería genial, no es cierto. Ningún ser vivo tiene más de una vida. Esta creencia se debe probablemente a que las personas de la antigüedad veían la gran fortaleza —y habilidad para caer en cuatro patas— de los gatos y pensaron que tenían más de una vida. Ahora, ¿por qué siete? No lo sabemos, tal vez porque el siete siempre ha sido un número relacionado con lo místico.

Foto de David Savochka en Pexels

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Mito: La lengua de los gatos es una lija.

¡Verdadero! y ¡Falso!
Si alguna vez te ha lamido un gato probablemente notaste que su lengua es como una lija. En parte lo es, porque tienen las papilas gustativas en forma de conos —que parecen pelos pequeños—, los cuales les permiten acicalarse como si su lengua fuera un peine.

Foto de Lucas Pezeta en Pexels

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