La onicofagia

A partir de ahora, mantén la calma y deja de morderte las uñas, es más: ¡no te las comas! Te advertimos que tus dedos no son la única parte del cuerpo afectada cada que vez lo haces.

Oye, tranquilo viejo

La palabra onicofagia proviene del griego ονυξ, onyx, ‘uña’, y ϕαγειν, phagein, ‘comer’, y se usa para nombrar a la acción de comerse las uñas. Seguramente, en las caricaturas has visto que cuando alguien se pone nervioso comienza a mordérselas, pues resulta que esto no es nada fuera de lo común, ya que la onicofagia es un trastorno emocional que le puede pasar a cualquiera.

Eso sí, hay niveles de onicófagos, por ejemplo:

El pasivo. Sólo se come las uñas en situaciones que lo ponen realmente nervioso.

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El moderado. Se las muerde desde el momento en que comienza a estresarse.

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El intenso. No puede dejar de mordérselas y, si su físico se lo permite, también le entra a las de los pies.

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Dedos de E.T.

Hay quienes se han mordido tanto las uñas, la cutícula y los padrastros —los pellejitos que están en los bordes de éstas—, que sus dedos se empezaron a deformar y ahora parecen de alienígena. Aunque no lo creas, éste es el problema menor, ya que al hacerlo, los dientes también pierden el esmalte —por lo que es más fácil que les salgan caries— y, en casos extremos, la mandíbula y los dientes se pueden enchuecar.

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Lo peor es que debajo de las uñas —por más limpias y blanquitas que se vean— viven ciertas bacterias y otros seres microscópicos que pueden provocar dolores estomacales o infecciones oportunistas en los dedos, en la boca y hasta en el sistema digestivo.

Por esas razones y más, es mejor liberar el estrés con esas pelotas de espuma apachurrables. ¡Qué nervios!

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