Aquí vive un árbol

¿Has pensado que existen pinturas y cuadros que con sólo verlos te ponen feliz? Tal vez has estado en un museo y de pronto te encuentras viendo una obra que te hace sonreír, un objeto inesperado y sorprendente que vas a recordar siempre, como cuando un mago te saca de la oreja una moneda.

La alegría es algo propio del gallo, que, por la más mínima cosa, canta y exulta con muchos y graciosos movimientos.

Leonardo da Vinci, «Alegría»

A mí me pasó. Hace muchos años, en una enorme exposición del pintor oaxaqueño Rufino Tamayo, después de haber visto
una obra tras otra, de pronto mis ojos dieron con el cuadro inesperado. En él, Tamayo había pintado a un hombre
contento, con los brazos levantados quitándose el sombrero. Me dieron ganas de saludarlo: «Buenas tardes.
¿Cómo le va?». En sencillas palabras, encontré entre tantas maravillas que ya había visto, la pintura que me hizo sentir realmente feliz.

Tú sabes qué es sentirte feliz, como cuando no hay clases, o como en las vacaciones que no sales de la alberca en todo el día o como cuando pasas horas jugando. Dicen que todos los seres humanos deseamos ser felices, y dicen también que la felicidad está hecha de momentos pequeñitos que se van acumulando y cuando termina el día sientes que fue un gran día y cuando vives muchos días así de lindos entonces eres un niño feliz. La felicidad no está en el arte ni en las cosas, sino en lo que vives y en lo que te sorprende. Por eso es importante ver cosas bellas, porque te ponen contento y si juntas muchos de esos ratitos que te hacen el día diferente, si estás triste hasta te pones de buenas ¿o no?

Yo he oído a gente que dice que no le gusta el arte porque no entiende qué está viendo. Lo que he aprendido es a
no pensar en qué veo sino en qué siento cuando miro un cuadro. Antes de querer saber qué pasa en él, pienso en los colores: si es naranja siento calorcito, si es azul me recuerda al cielo y al aire que me pega en la cara cuando,
viajando en coche, dejo la ventanilla abierta. Así que uso mi imaginación y casi siempre encuentro recuerdos
y pensamientos felices. Por eso digo que el arte me pone contenta, porque me hace pensar en cosas que me gustan y recordar buenos momentos.

El Dalai Lama, un líder religioso que es muy sabio, dice que «el arte puede dar lugar a una sensación temporal
de euforia, o bien nos puede hacer reflexionar en cosas, pero tarde o temprano nuestro nivel general de la felicidad tiende a volver de nuevo a su estado original». Es decir, que el arte nos ayuda a suavizar las cosas que no nos gustan de la vida.

¿El arte te pone feliz?
Sí_ No_ A mí, sí Y lo hace por el simple hecho de existir, aunque todo mundo lo goza de manera diferente. En cada época, la visión del arte y su utilidad se han ido transformando y, con ello, la idea de placer que se tiene de
él. Con el pasar del tiempo las pinturas que hacen los artistas son diferentes: unas te pueden gustar porque cuentan historias y otras te pueden dejar sin saber qué pensar. El chiste es que primero sepas si te gusta o no lo que sientes al ver un cuadro, si te hace sonreír o no.

Diseño sin título (3)

A veces, para que te guste un cuadro, alguien te tiene que explicar qué es lo que hay que verle, qué es lo que quería el artista que sintieras, pero hay piezas de arte que con sólo verlas, con sus colores y formas nos hacen reaccionar y sentir montón de cosas. Están las que te hacen un nudo en la garganta, las que te recuerdan algo triste, las que te producen un agradable horror, las que te hacen sentir tranquilo y en paz, las que no sabes por qué pero no puedes dejar de verlas, y por último, las que más me gustan: las que te dan felicidad inmediata.
En las obras viven árboles felices, personajes sonrientes, flores rojas y divertidas, cosas que se graban en la memoria porque nos complacen. Es decir, que descubrimos que el pintor quería darnos un poquito de felicidad ¡y lo consiguió! Pensando qué cuadros me ponen contenta, noté que tienen características similares, sin tomar en cuenta el estilo con que pinta cada autor:

-Presentan cosas que nos alegran.
-El momento retratado es un momento feliz.
-Algunos artistas siempre pintan temas bonitos.

Autores felices
Se trata de sonreír plácidamente al ver un cuadro de Marc Chagall sólo porque domina el color amarillo
vibrante; alegrarse ante un par de botes que flotan en el agua, pintados por Claude Monet; sentirse amigo de
Joquín Sorolla porque nos lleva al mar y nos hace sentir la intensidad del sol y escuchar las olas mientras los niños juegan: ¿quién no se acuerda de sus vacaciones y lo divertidas que fueron? Pensamos en una divertida fiesta al ver a los amigos pintados por Franz Hals o en una deliciosa siesta como las que ilustra Henri Toulouse-Lautrec. Yo pienso que todos necesitamos del arte para ser felices, contarnos historias, soñar con cosas mejores y hacer esos sueños realidad. El escritor Henry David Thoreau piensa que: «El mundo no es más que un lienzo en blanco para nuestra imaginación». En pocas palabras, muchos artistas crean para darnos ratitos felices, muchas ganas de sonreír y ¡hasta de pintar nuestros propios cuadros!

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